lunes, 19 de julio de 2010

SOBRE LA DEMOCRACIA SINDICAL Y EL VOTO UNIVERSAL

Por José Ramos Bosmediano, miembro investigador de la Red Social para la Escuela Pública en América, ex Secretario General del SUTEP.


En la historia del movimiento sindical peruano, nunca como hoy se han puesto en debate las formas de selección de los dirigentes sindicales, concentrando la atención, casi exclusivamente, en las bondades del voto universal, directo y secreto en todas las instancias orgánicas de los gremios.

Que el SUTEP sea el gremio donde esta propuesta del voto universal se haya venido planteando con significativa insistencia, sólo debe entenderse como un reflejo político de las pugnas que, desde su fundación (1972), se han producido para disputar la hegemonía política al Partido Comunista del Perú “Patria Roja” en su conducción y dirección.

Le ha correspondido a Sendero Luminoso (SL) el patrimonio de la propuesta del voto universal para la elección de los dirigentes en todos los escalones del SUTEP, como garantía de la “democracia sindical” y para acabar –lo decían abiertamente- con la hegemonía de “Patria Roja”. En este empeño se aliaban con todas las demás fuerzas de izquierda, incluidos los “cristianos de izquierda”, para tomar la dirección del sindicato. Sin embargo, cuando se trataba de las bases donde SL mantenía su hegemonía en determinados momentos de la historia del SUTEP, como Ayacucho, Piura, Abancay, no practicaban el bálsamo de la democracia sindical, el voto universal, pese a que los estatutos del SUTEP consideran el voto universal hasta las instancias provinciales que luego se extendió a las instancias departamentales (hoy regionales) con determinados requisitos para garantizar un proceso eleccionario libre de maniobras como las que existen en la vida política del país.

EL SINDICALISMO CLASISTA Y LA ELECCIÓN DE LOS DIRIGENTES

El movimiento sindical es la fuerza organizada de los trabajadores en la sociedad moderna para la defensa de sus derechos y la conquista de nuevas reivindicaciones, frente a la existencia de contradicciones entre capitalistas y asalariados, expresión moderna de la confrontación entre explotados y explotadores, cuyos intereses son irreconciliables en el sistema capitalista. Es la lucha de clases que los ideólogos de la burguesía pretenden negar, hecho admitido desde antes de que Marx y Engels hayan sistematizado la teoría científica de la lucha de clases en la historia, sobre todo en la sociedad moderna, asignando a la clase obrera el papel directriz en la lucha por un nuevo orden social a condición de que ella se convierta de clase en sí a clase para sí, de clase potencialmente revolucionaria a clase revolucionaria y dueña de su propia liberación, transitando desde su lucha espontánea, económica, a la lucha revolucionaria por la toma del poder. Para quienes el mundo ha cambiado tanto que ya hace innecesario el enfoque de los problemas sociales desde la óptica de la lucha de clases, no queda otro camino que acogernos a la ideología burguesa de la conciliación de clases y esperar que el desarrollo del capitalismo resuelva los problemas de los trabajadores y de la humanidad, vía las leyes del libre mercado (Fukuyama y “el fin de la historia”).

Desde los siglos XVII y XVIII los asalariados de la Europa capitalista desarrollada han enfrentado la explotación capitalista de distintas maneras, desde el cartismo, pasando por el Ludismo y el mutualismo; desarrollando, en todo el siglo XIX, luchas más organizadas bajo la influencia del anarquismo doctrinario y el socialismo científico, dos vertientes del sindicalismo clasista, sobre todo la ideología marxista en lo que se refiere a la teoría de la lucha de clases como realidad incontrovertible.

Nadie puede negar la coincidencia entre el desarrollo del socialismo como alternativa al capitalismo, con todo su contenido ideológico y político en la disputa por el poder, y el desarrollo del sindicalismo basado en la teoría de la lucha de clases, el clasismo, con la presencia, en el seno de los sindicatos, de las fuerzas de izquierda en todos los países, coincidencia que no puede entenderse como una suerte de “manipulación” de los trabajadores por los comunistas o por los anarquistas del siglo XIX y principios del siglo XX, sino como la tendencia histórica de la clase obrera y del pueblo en general a la lucha contra el sistema de explotación. Los socialistas no han hecho sino dirigir esa tendencia hacia la lucha organizada y con perspectiva liberadora.

Cuando el socialismo y la clase obrera irrumpieron con mayor fuerza en la escena política, tanto en los países de capitalismo avanzado como en los subdesarrollados y colonizados por aquéllos, los capitalistas de EEUU, la potencia capitalista más desarrollada y fuerte desde la culminación de la Primera Guerra Mundial, influyeron en un sector de la clase obrera de ese país para la creación de “organizaciones sindicales libres”, con la ideología de la supuesta concertación entre el capital y el trabajo y la intervención del Estado como “árbitro” supuestamente neutral. Esta estrategia de copamiento de los sindicatos por el denominado “sindicalismo libre” fue extendido hacia América Latina, creando “sindicatos libres” en cada uno de los Estados, con escuelas sindicales de adoctrinamiento para líderes sindicales apristas, como Julio Cruzado Zavala; y con el desplazamiento de “embajadores sindicales” estadounidenses. Bajo esta conducción pro-patronal se fundó la Confederación de Trabajadores del Perú bajo hegemonía aprista, con la colaboración de algunos dirigentes comunistas de la década de los 40, debilitada que fue la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) que creara el proletariado peruano con el Amauta José Carlos Mariátegui en 1929. Después de la Segunda Guerra Mundial, y coincidiendo con la socialdemocracia europea, el sindicalismo “libre” se ha convertido en la ideología de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres(CIOLS), que domina hoy el movimiento sindical mundial debido, principalmente, a las debilidades actuales del socialismo.

Después de 1930, como lo señala Denis Sulmont en su historia del movimiento obrero en el Perú, el APRA desarrolla su hegemonía con el apoyo del “sindicalismo libre” estadounidense y ante el debilitamiento del clasismo que nos legara Mariátegui. Sin desconocer el heroísmo de la lucha obrera contra la vieja oligarquía peruana, contra las dictaduras de los 30, 40 y 50, la dirección sindical aprista convirtió a los sindicatos en instrumentos de su política de concertación con esa oligarquía (“convivencia” lo llamaron en una época), traicionando los intereses de los trabajadores. Su desenmascaramiento ocurre, sobre todo, en la década de los 60, década en la que el clasismo nuevamente asume la dirección del movimiento sindical peruano, coincidente, además, con lo que ocurrió en casi toda América Latina, con excepción de México y Venezuela, países en los que la política del PRI y de la socialdemocracia, respectivamente, convirtieron a los sindicatos en apéndices de la derecha y de los capitalistas de esos países.

La dirección clasista del movimiento sindical peruano, si bien empieza a perfilarse en la década de los 60, década de crisis del sindicalismo “libre” de la CTP, se desarrolla con fuerza en la década de los 70, con un debilitamiento durante la segunda mitad de los 80 e ingresando a su crisis durante la década de los 90, enfrentando las políticas antisindicales del neoliberalismo que pretende destruir a todo el movimiento sindical, pues para los capitalistas neoliberales los sindicatos son un obstáculo para la productividad y la competitividad en el marco del libre mercado.

En toda la historia de las luchas sindicales en el Perú la selección de los dirigentes se ha realizado a través de la representación de los delegados elegidos desde las bases sindicales (centros mineros, escuelas, centros de producción cañera, fábricas y secciones de fábrica, etc., según la rama de la producción y/o de servicios). Han sido los eventos orgánicos en cada escalón de dirección los que han elegido a los dirigentes. Las más heroicas luchas de los trabajadores, muchas de ellas con éxito, han sido conducidas por dirigentes elegidos orgánicamente y no por voto universal, salvo el voto emitido en cada base, que siempre es universal, desde donde los dirigentes, según su capacidad, consecuencia y honestidad, son promovidos a instancias superiores de dirección. Los propagandistas del voto universal consideran a esta forma de selección como “mangoneo” o “manipulación”, menospreciando la capacidad de los trabajadores para seleccionar y elegir a sus dirigentes. Más bien el voto universal podría prestarse a la manipulación a través de los métodos que utiliza la democracia burguesa formal para orientar el voto hacia una determinada lista, con la presencia subterránea, incluso, de las fuerzas políticas de la derecha que pretenden dirigencias sindicales amarillas para que no peligren sus intereses de clase en las relaciones laborales.

Los que propugnan el voto universal desde el lado de la derecha mistifican esta forma eleccionaria como sinónima de democracia, sin especificar qué tipo de democracia se esconde, año tras año, década tras década, en el voto universal. En el fondo, lo de la derecha tiene razón con su propuesta, pues para ella la única democracia existente es la burguesa, muy formal en nuestro caso. El uso político del voto universal en nuestro caso no tiene nada que ver con la democracia del pueblo que buscamos conquistar para construir un país diferente.

La mistificación del voto universal es, sin embargo, poco comprensible y nada justificable en personas y grupos que se consideran progresistas y hasta izquierdistas. Su insistencia no tiene motivaciones objetivas. Incluso carecen de autoridad política, porque de política se trata, para plantear su alternativa para “superar la crisis del sindicalismo peruano” y “fortalecer los gremios”, pues jamás se han interesado, como hoy aparentan hacerlo, de la situación de los trabajadores, ni han tenido experiencia sindical, aunque sí han tenido y tienen experiencia política de contenido liberal. Su ideología socialdemócrata les lleva a plantear la lucha obrera en los límites que establece la democracia burguesa, emparentados como están con la teoría del contrato social y el “nuevo pacto social” de los viejos ideólogos de la Revolución Francesa en el siglo XVIII. No ven más allá del voto universal que practica el democratismo burgués, ese juego demagógico que hoy se mueve con la fuerza del dinero para orientar el voto de los ciudadanos, de esas muchedumbres atolondradas y confundidas que votan hasta dos veces cada cinco años para que su futuro sea cada vez más incierto, pero también para que los “demócratas” aumenten su poder económico y político cada vez más. Tal es la sacrosanta democracia que se pretende endilgar a los trabajadores

Por nuestra experiencia en la lucha sindical, la forma más adecuada para la democracia sindical ha sido la selección de cuadros usando las instancias orgánicas de los gremios, con la percepción más directa e inmediata de la calidad de los delegados y dirigentes: su entrega a la lucha, su capacidad, su combatividad y consecuencia, su honestidad. ¿Que pueden haber equivocaciones y que estas se han producido en algunos casos? Claro que sí, pero sin afectar la conducción en su conjunto.

LA PROPUESTA APRISTA DEL VOTO UNIVERSAL

El gobierno aprista ha propuesto el voto universal como una obligación para los sindicatos con dos propósitos muy claros: establecer límites a los sindicatos para la adopción de sus acuerdos y tratar de copar su dirección.

1. Ya tenemos antecedentes de lo primero, cuando en la década de los 70 el hoy “demócrata” y miembro del “Acuerdo Nacional”, Francisco Morales Bermúdez, quiso imponer condiciones, desde el poder del Estado, para que los gremios elijan a sus dirigentes y tomen acuerdos para la realización de sus medidas de lucha, vulnerando el Convenio 87 de la OIT sobre el derecho de organización y libertad sindicales. El gobierno aprista, el Partido Aprista Peruano como tal, ha asumido el programa neoliberal en toda su dimensión, como la necesaria plasmación de lo que Toledo no pudo hacer avanzar lo suficiente, aquello que Fujimori dejó inconcluso: esas reformas de “segunda generación” de la que hablan tanto los neoliberales al servicio de las transnacionales. Ya ha empezado con los puertos y aeropuertos, el agua potable, la municipalización de la educación, con proyecciones hacia los bosques y lo que queda de PETROPERU. No está dispuesto a renegociar la deuda externa ni a revisar los contratos con las mineras; sólo “renegociar” para ver si éstas abren algo más la mano para “obsequiar” al Estado peruano un poquito más de sus inmensas ganancias. Está claro que a partir del 2007 las luchas de los trabajadores ingresarán a un nuevo flujo, incluso a un proceso de organización sindical en aquellos sectores que fueron debilitados y casi destruidos por el neoliberalismo de los 90, como es el caso de los empleados bancarios, del gran comercio monopolizado por decenas de tiendas de capital extranjero, del proletariado cañero y minero explotados por capitalistas de afuera, por los empleados públicos cuyos derechos siguen vulnerados, etc. El gobierno aprista, y con él los capitalistas, buscan curarse en salud condicionando la legalidad de los sindicatos y de sus luchas.

2. Pero el PAP, al tiempo que pretende maniatar a los sindicatos, busca también el copamiento de su dirección. El voto universal es la única manera de procurar ese objetivo, pues con una maquinaria electoral que despliega en todos los procesos, podría orientar el voto hacia posiciones sindicales pro-patronales. La preguntita de “por qué tienen miedo a las elecciones universales” constituye un recurso sofístico para “arrinconar” a las direcciones actuales de los sindicatos, como si se tratara, en el fondo, de un problema de miedo a las formas burguesas de elección. Para nosotros es un problema de contenido de la democracia sindical. Qué se defiende es lo principal. Los trabajadores decidimos cómo nos organizamos y cómo luchamos ejerciendo adaecuadamente la lucha sindical para no caer en el extremo del sindicalismo revolucionario o en su opuesto, en el sindicalismo “libre” de esencia reaccionaria y antiobrera. El PAP carece de representación sindical en el seno de los trabajadores. Su CTP es un fantasma desde hace más de tres décadas. Necesita más adeptos para convertir a los gremios en colchones de su política económica neoliberal, así como Velasco pretendió engullirse a todo el proletariado creando su Central de Trabajadores de la Revolución Peruana (CTRP) y su Confederación Nacional Agraria (CNA) para controlar el movimiento campesino, o el Sindicato de Educadores de la Revolución Peruana (SERP) para destruir el SUTEP. He aquí el significado de la maniobra aprista con su voto universal.

Claro que el gobierno aprista tiene dos factores importantes a su favor. Uno de ellos constituye la persistente propaganda del voto universal para desalojar a “Patria Roja” del SUTEP, pues el mismo Boloña abrigaba, en 1992, la destrucción del SUTEP porque era un obstáculo para la reforma educativa (léase neoliberal de privatización de la educación y de eliminación de los derechos de los maestros). Hay un terreno algo labrado para la imposición del voto universal en los sindicatos con fines protervos, terreno preparado por fuerzas y voces supuestamente izquierdistas en el propio movimiento magisterial, incluyendo a quienes, presionados por la ideología neoliberal, han venido planteando la “democratización” del SUTEP y de la Derrama Magisterial. ¡Qué más quiere el gobierno aprista cuando el terreno está abonado!

El otro factor es el avance del voto universal en los partidos políticos como un mecanismo para su “democratización”, su “legitimación” y su “credibilidad” ante el pueblo. “Un militante un voto”, como panacea para reconstruir a los partidos políticos, a tal punto que el Estado, a través de la ONPE, ha penetrado la vida interna de los partidos demostrando, precisamente, que los dirigentes y militantes son totalmente incapaces para dirigirse a sí mismos. ¿Se ha recuperado la vida partidaria? ¿No es cierto, acaso, que los partidos deben acudir a las alianzas más repugnantes y a las maniobras más antidemocráticas para participar, cogidos de cualquier salvavidas, en los procesos electorales? Esta intromisión del Estado en la vida interna de los partidos políticos sólo pudo haberse consumado, y no solamente en el Perú, en el marco de la crisis general de la democracia burguesa, tratando de hacer creíble el armatoste de dominación que pesa sobre el pueblo.

UN PLANFLETILLO Y DOS ARTÍCULOS

Nos llega por el Internet un pequeño panfleto firmado por el “embajador” de Sendero Luminoso en Europa, Arce Borja, sobre el corporativismo del APRA. Nada importante en el panfleto si es que este señor no se refiriera al voto universal, criticando al gobierno aprista por su propuesta de injerencia del Estado en la vida interna de los sindicatos. Si nos ocupamos del panfleto es porque Arce Borja pretende engañar a los que no conocen o no recuerdan la historia de las propuestas senderistas sobre la necesidad del voto universal en los gremios que no dirigían, pero no en los que en algún tiempo dirigieron y luego decapitaron a base de huelgas indefinidas que no tenían cuando concluir porque así servían a la “guerra popular”. Su hipocresía llega a tanto que critica al APRA porque busca copar los sindicatos mediante el voto universal como si SL no hubiera promovido esa forma de elección en el SUTEP para lo mismo.

Por su parte, y con un lenguaje más atractivo como ecléctico, el señor Mirko Lauer, poeta y crítico de la cultura metido a comentarista político, sale con su petición de principio “Por un sindicalismo moderno” (La República, 27.09.2006, OBSERVADOR, p. 6). Ponderativo y petulante en cosas que nunca ha practicado, apristoide con poses de “intelectual independiente”, sale diciendo que el debilitamiento de los sindicatos se debe a “la poca vigencia del voto universal en ellos”. Este señor ignora que son pocos sindicatos en el mundo que practican el voto universal. El debilitamiento o la crisis del movimiento sindical mundial se debe a otras razones, fundamentalmente a la brutal ofensiva neoliberal que ha dejado a la mayoría de trabajadores con simples contratos que impiden su afiliación y dificultan, más aún, su lucha. Según Lauer, los trabajadores se afiliarían inmediatamente si se les ofreciera voto universal. Con su sentimiento de periodista bien pagado acusa que los dirigentes se oponen al voto universal porque “entienden como intentos de interrumpir sus generalmente largas carreras en la dirigencia”. Apostamos que Lauer no tiene ni un día de dirigente como trabajador de La República, pero pretende ser maestro en sindicalismo para los demás. En el sindicalismo, como en la política, los líderes perduran el tiempo que los dirigidos están en condiciones de reelegirlos. Según el criterio de Lauer, los trabajadores deben elegir guiados sólo por la juventud de los cuadros sindicales, lo que favorecería a los dueños y ejecutivos del capital o a los gobernantes de turno frente a dirigentes sin mayor experiencia de lucha. La “sangre nueva y renovación” para una “dinámica más democrática” en los sindicatos, señor Lauer, no dependió nunca de la forma de elección por voto universal, pues no se la practicó. Si se llegase a practicarla, no valdría más que la selección orgánica y directa de los delegados y dirigentes y, tampoco, ayudaría “a poner más dinero de las utilidades en los bolsillos del trabajador”, pues el aumento de los salarios obedece a otras variables que los capitalistas manejan a su antojo. Para recordar, citamos el caso de la entonces FEB (1968-1992), cuyos dirigentes de Centros Federados, Seccionales Regionales y Junta Directiva Nacional eran elegidos en eventos orgánicos, y eran los trabajadores mejor pagados de su tiempo porque cuando realizaban un paro de solo 2 horas hacían perder a los banqueros y al propio Estado millones de soles en cada hora de paralización.

Don Alberto Adrianzén (Sindicalismo y democracia ciudadana”, La República, 30.09.2006, p. 17) empieza afirmando que “Nadie que tenga un mínimo sentido democrático puede dudar de la necesidad de elecciones universales, secretas y directas para elegir a los dirigentes de las centrales sindicales”, citando como ejemplo lo que ocurrió durante el gobierno de Salvador Allende. Pero también ocurrió lo mismo cuando Pinochet obligó a los maestros elegir a los dirigentes del impuesto, por el mismo Pinochet, Colegio de Profesores de Chile. Lo más importante del movimiento sindical de Chile y Argentina fue la cohesión y la unidad de los trabajadores en las bases sindicales, fundamentos de la fuerza de todo gremio. Con su afirmación casi apodíctica, Adrianzén pretende quitarnos el “más mínimo” sentimiento democrático al no comulgar con su mito del voto universal. Que el sindicalismo peruano requiere de una reforma profunda, nadie duda, y este planteamiento lo han venido haciendo los propios trabajadores al proponer la reorientación programática del movimiento sindical peruano desde la década del 80, entendida como superación del economicismo que conduce al aislamiento de los trabajadores de la lucha política, encerrándose en la pura lucha por el salario. ¡Modernizar los sindicatos con el voto universal! Pero qué se entiende por modernizar los sindicatos. El señor Adrianzén no hace más que apelar al voto universal, como decir que la modernización de las sociedades actuales estaría supeditada al ejercicio del voto universal que tanto se pregona. Felizmente el señor Adrianzén pone el paraguas debajo de la lluvia cuando afirma que la crisis del sindicalismo y sus causas no están en la ausencia del voto universal. Pero si las causas de la crisis son otras, ¿por qué ponderar el voto universal y ponerlo a la altura de un apotegma? Para ocultar su oposición velada al sindicalismo clasista, Adrianzén propone un sindicalismo ciudadano, otro galimatías para definir que los trabajadores, además de trabajadores, deben ser ciudadanos, o trabajadores-ciudadanos, y los sociólogos, como el señor Adrianzén, deben ser sociólogos-ciudadanos, o algo así. Pero lo más grave es que el sindicalismo ciudadano nos permitirá “modernizar el mundo del trabajo e, incluso, el empresarial”. El mundo empresarial capitalista, señor Adrianzén, tiene sus intereses, sus formas, cu contenido; el mundo del trabajo, los trabajadores, también tienen sus propios intereses.

CONCLUSIONES Y ALTERNATIVAS

La selección orgánica y el voto universal son formas de elegir dirigentes. En el caso de los sindicatos, corresponde a los trabajadores aplicar una de ellas, o las dos formas a la vez. No se es más ni menos democrático por aplicar una u otra forma. La democracia sindical traspasa el lindero de las formas eleccionarias. La democracia tiene su base en el contenido de la lucha, por qué se lucha, qué intereses se defiende. Las formas eleccionarias son medios que pueden ayudar a plasmar las decisiones previamente discutidas. Si no hay discusión, no hay democracia.

Resulta que quienes más insisten con el voto universal jamás lo ejercieron en las organizaciones sindicales que sus organizaciones políticas han influido o conducido, como en el caso de la CCP o en el de la CTP. ¿Recién se acuerdan del voto universal como garantía de democracia sindical?

La propuesta del gobierno aprista no se basa en una concepción democrática de la dirección de los sindicatos, sino en sus objetivos políticos de debilitar estas organizaciones para seguir imponiendo el programa económico y social neoliberal, en primer lugar; en segundo lugar, para tratar de copar las organizaciones sindicales vía el manejo del voto universal. Nuestro rechazo a la propuesta aprista no se basa en el temor de perder “carreras dirigenciales”, sino en la defensa del fuero sindical que pretende ser vulnerado a través de la injerencia del Estado en la vida interna de los sindicatos.

Hay una legislación internacional que defiende el derecho de organización sindical, bajo la autoridad de la OIT, que tiene categoría constitucional para todos los países firmantes. Hay que rechazar el intento del gobierno aprista de vulnerar dicha legislación, como lo pretendió hacer el fujimorismo. Distinguidos laboralistas, a quienes no se les puede acusar de izquierdistas, han sentado su posición contraria a la propuesta aprista.

Los problemas básicos del sindicalismo peruano se definen por el fuerte economicismo, el espontaneísmo y el burocratismo. La solución de estos problemas tiene que ver con la lucha programática de los trabajadores, la aplicación de métodos adecuados de dirección, sobre todo la línea de masas y el análisis objetivo de la realidad para la conducción de la lucha. Sólo así se podrá garantizar la independencia política de los sindicatos, el centralismo democrático, el carácter de frente único del sindicato, que son algunos de los principios del sindicalismo clasista.

No hay por qué apelar a la analogía con el modo de elección que ejercitan los empresarios. La defensa de los intereses capitalistas no es un modelo para los trabajadores por cuanto estos no orientan su lucha hacia la acumulación de riqueza para explotar a otros. Los capitalistas no sólo tienen sus organizaciones gremiales, sino su dinero y un Estado que les garantiza la defensa de sus privilegios de clase frente a las demandas y la lucha de los trabajadores.

Algunas alternativas que hay que llevar a las masas trabajadoras son:

a) El desarrollo de la democracia sindical desde las bases de los sindicatos;

b) Promover debates sobre métodos y estilos de dirección en los sindicatos;

c) Educación sindical sobre la historia y la doctrina del sindicalismo, clasista y “libre”, a efecto de esclarecer a los trabajadores, sobre todo a la juventud trabajadora que aún no se ha incorporado al movimiento sindical;

d) Discusión y esclarecimiento sobre la democracia y la democracia sindical en particular;

e) Desarrollar escuelas de formación político-sindical tomando como ejes los problemas del Perú actual;

f) Organizar a los trabajadores sindicalmente e impulsar la lucha por sus derechos económicos, sociales y laborales.

g) Levantar como una de las más importantes banderas reivindicativas la promulgación de un Código de Trabajo que incluya todos los derechos generales de los trabajadores, empezando por la estabilidad laboral y no el capricho de los empresarios y sus defensores que pretenden seguir legalizando el despido arbitrario de aquéllos.

Octubre del 2006

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