jueves, 19 de agosto de 2010

El Apra no tiene cura


(A propósito del retiro de la candidatura de Carlos Roca)

                                    José Ramos Bosmediano, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en las Américas, ex Secretario General del SUTEP

 

Después del viraje final del partido de Haya de la Torre -hoy de Alan García- hacia la derecha más conservadora y reaccionaria de nuestro tiempo, la neoliberal, y de su ahogamiento   inescrupuloso en los procesos de corrupción desde el ejercicio gubernamental, una cierta corriente interna ha venido lanzando críticas sobre la conducta de sus máximos jefes, como aquella denominada "apra moral", por ejemplo, a través del internet.

Durante el primer gobierno aprista (1995 – 1990), ciertos apristas, con un poco de vergüenza acaso, llegaron a decir que quien gobernaba era Alan García y no el partido, lo que ya no podrían afirmar en el presente período que culmina el 2011, pues todos los dirigentes nacionales están comprometidos abiertamente con las orientaciones gubernamentales y, sobre todo, están los actos de corrupción que pesan sobre muchos de esos dirigentes.  Además, el crecimiento económico heredado del gobernó de Toledo les une en el ingenuo optimismo de llegar, en el 2021, a convertir al Perú en un país del "primer mundo".

Pero el caso más melodramático que ha vivido el Apra en estos momentos es la "rebeldía" inicial de Carlos Roca Cáceres, candidato elegido en evento orgánico para la Alcaldía de la provincia de Lima.  Muchos apristas "críticos" de su gobierno empezaron a tomar partido por Roca Cáceres en su actitud de mantener su candidatura pese a la decisión de los máximos dirigentes de retirarlo de la contienda por considerar que los sondeos le otorgaban un  pequeñísimo %  en el sótano de las adhesiones electorales.  Este melodrama ya concluyó con un Carlos Roca totalmente prosternado ante las maniobras de su jefe partidario y de los acomodos de todos los dirigentes que han hecho de Alan García su bastón para seguir manteniendo los privilegios que da su pertenencia a un partido que obtiene jugosos frutos de su servicio a las transnacionales y la gran burguesía peruana.  Contradiciendo sus bravatas de "candidato de las bases", ha renunciado a la lucha electoral municipal.

El Apra, un partido para sostener el sistema

Como lo dijera Javier Valle Riestra, al empezar el segundo período gubernamental del Presidente García a partir de la conformación de su primer Gabinete Ministerial en el 2006, el gobierno actual del Apra es el mejor que se haya dado la oligarquía peruana en los tiempos actuales.  Por supuesto que sí, con una organización importante como para refrendar, día a día, los actos gubernamentales, sin que ningún movimiento de oposición lo haga mella; con una militancia cuyos principales dirigentes de base e intermedios juegan como correas de trasmisión atados a los pequeños privilegios que desde la administración pública les hacen llegar, una especie de clientelismo bien administrado; una militancia que, lamentablemente, ha dejado de pensar en algo más trascendente que no sea el poder supervivir de los favores de los gobernantes, masa amorfa que se ha ido conformando desde, por lo menos, la década de los 40, cuando, desde la coadministración con José Luis Bustamante y Rivero, ya se empezaron a repartir cargos municipales y la administración de los "estanquillos" de kerosene para distribuir la pobreza.

Adherido a Manuel Prado y a su segundo gobierno (1956 – 1962, convivencia), el Apra con Haya de la Torre se convirtió, orgánicamente, en sostenedor del programa liberal de Beltrán Espantoso, traicionando al proletariado cañero y minero desde la cúpula de la Central de Trabajadores del Perú (CTC) (que hoy trata de levantar cabeza a través del Ministerio de Trabajo que reconoce sindicatos con unos cuantos afiliados), jugando, por tanto, a favor de la oligarquía terrateniente y los enclaves mineros y petroleros extranjeros de aquellos años. 

Cuando apuraban las masas campesinas una reforma agraria democrática y antiterrateniente,  la alianza del Apra con el Odriísmo (coalición de superconvivencia de 1963 -  1968) produjo una Ley que dejaba a salvo la propiedad terrateniente, barrida luego por la reforma agraria del General Juan Velasco Alvarado, medida que catapultó a éste como gobierno popular, al margen de su significado de gobierno burgués reformista que le correspondió al Apra de los años 30 por su programa de los "cinco puntos", abandonado posteriormente.

El primer gobierno aprista, por su vacío programático respecto al que había abandonado, no tuvo nada que hacer para revertir la crisis acelerada del sistema desde una posición, por lo menos, de capitalismo de Estado, lo que llevó a Alan García a engatusar a su militancia con su discurso estentóreo de supuesto antimperialismo, culminando con el amague de nacionalización de la banca, amén con la bancarrota financiera del viejo Estado. ¿Qué podía hacer un partido que había perdido su programa reformista?  Claro que no se atrevió a realizar el programa que Vargas Llosa anunciaba y que el fujimontesinismo aplicó entre 1990 y el 2000. No quiso dar el primer paso de la carrera neoliberal que hoy transita con alegría.

Como lo demuestra Germán Alarco Tosoni, Profesor Investigador de la universidad católica del Perú (Domingo, la revista de La República, Lima, 15/08/2010, p. 21), en su artículo "¿Legado económico aprista II?", pese a los resultados positivos del crecimiento económico, de la baja inflación, del equilibrio presupuestal y el aumento de las exportaciones no tradicionales, el pasivo que dejará el segundo gobierno aprista juega a favor las transnacionales y en desmedro de las grandes masas de trabajadores.  Estructuralmente, una economía más desarticulada, la carencia de una política energética nacional, la inadecuada política de venta de los activos del Estado al capital privado, además de la escasa participación de los excedentes (ganancias) generados por las empresas privadas del sector primario exportador.  Todo el discurso aprista de hoy se alimenta de las tesis más extremas del neoliberalismo, pero no sólo como discurso, sino como economía política activa.  Las líneas maestras de esa política neoliberal, nos dice el mismo autor, son "Los enfoques estándar proporcionados por las diversas teorías ortodoxas y el consenso de Washington" (sic).

El futuro neoliberal del Apra

Lo ocurrido con Carlos Roca demuestra que al interior del Apra no hay, pues, una línea diferente a la del partido que ha virado hacia la extrema derecha, como ciertos analistas e ingenuos ciudadanos creen.  El viraje es definitivo, mucho más si se considera que la actual dirigencia nacional, con Alan García como capitoste indiscutible, tienen hacia adelante no menos de dos décadas  más de vida para consolidar mejor esa línea ideológica.  Si miramos el comportamiento político de los denominados "cuarentones", su ideología neoliberal y su complicidad con la corrupción no son sino los cimientos de su conducta futura, es decir, para unos 40 años más de vida partidaria en la dirección de su partido.

Un factor adverso para que, en el supuesto negado, aflorara algún atisbo de vuelta al reformismo del pasado en el Apra, es la inexistencia de una masa proletaria que encabece la lucha por una Perú nuevo, y de intelectuales que, luego de la muerte de Luis Alberto Sánchez y de Manuel Seoane Corrales, pudiesen generar un movimiento favorable a la lucha de las masas.  El intelectual, si es fiel a su función, puede originar corrientes heterodoxas y hasta encabezar corrientes progresistas en el interior de un aparato político.  Esta posibilidad está cerrada en el Apra. Es difícil, muy difícil, un redondo imposible.

Don Carlos Roca seguirá administrando, apaciblemente, Villa Mercedes, el hoy museo de quien en vida fue la mejor muestra de que los ideales se pueden traicionar fácilmente.  ¿Hay honestidad política, realmente, en Carlos Roca, al adecuarse a los dictados de una cúpula corrupta? 

El aprofujimorismo no es solamente un signo del pragmatismo actual en la política peruana.  Es, sobre todo, el aterrizaje final de un partido que se ha convertido en verdadera lacra nacional, como la pobreza, la corrupción y la delincuencia que se multiplica.

Iquitos, agosto 17 del 2010

http://vanguardia-intelectual.blogspot.com

 

 

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